Mostrando entradas con la etiqueta fiestas populares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fiestas populares. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de junio de 2012

LA NOCHE DE SAN JUAN


Qué decir de la noche de San Juan que no se haya dicho ya. Habría que hablar sobre sus orígenes, que varían dependiendo de quién te cuente la historia. Tocaría explicar el papel que juegan el agua y el fuego en la que, para nosotras, es la noche mágica por excelencia. Tendríamos que contar todas esas cosas que ya sabemos y de las que, a lo mejor, ya estamos un poco aburridos.

Esta vez nos gustaría contar la historia de una pequeña aldea, el modo que tienen de celebrar esta fiesta; nos gustaría hablar de tradición y sencillez, algo característico de esta tierra gallega.

Vamos a dirigirnos al ayuntamiento de Cambre, en la provincia de A Coruña; desde allí, tomamos camino hacia la parroquia de Sta. Mª de Vigo, un pequeño lugar con 306 habitantes, que tiene por costumbre pasar desapercibido en los mapas.

El 23 de Junio, por la tarde, los jóvenes del lugar se encargan de preparar la gran hoguera que arderá en el “Souto” (lugar de reunión popular) a partir de las 12 de la noche. Llegado el atardecer, se vuelven a juntar  para cenar; un poco de churrasco, algunas sardinas, pan y varios litros de “alpiste” (modo en que los lugareños hacen referencia  a las bebidas espirituosas). A las 12 se prende la hoguera, se bebe la tradicional queimada y se salta el fuego purificador. Pasadas unas horas, a eso de las 2 de la madrugada, comienza la verdadera fiesta. Se dividen en pequeños grupos de 5 ó 6 chavales y se reparten las casas del pueblo (vosotros las casas de Fulano y Mengano, ellos a la de Zutano,…). Al llegar a la casa correspondiente, entran en ella con gran sigilo y “toman prestado” el carro, algún apero de labranza, lo que mejor tuvieran a mano. Alrededor de la 3:30 horas, se empiezan a ver grupos de muchachos tirando de carros, a toda velocidad, hacia el “Souto”, donde están esperando los restos de la hoguera. Un descanso, un trago para recuperar fuerzas y vuelta a empezar. Se trata de reunir el mayor número de carros posible y, el lugar de reunión de los vecinos amanece lleno de estos indispensables  utensilios para los labradores.
En la mañana de 24 de Junio, los vecinos comienzan su particular peregrinación para recuperar lo que, hasta la noche anterior, estaba a buen resguardo en su casa. Por los caminos se oyen risas y comentarios del estilo:
-          Á túa casa a qué hora chegaron?
-          Condenados rapaces!
-          A ver onde me deixaron o carro
-          ………..

Estas, y otras muchas historias, son las que contaba nuestro padre. Pequeñas  aventuras que consiguieron hacer de su infancia y juventud algo divertido, especial, algo imposible de olvidar.

De niña, nos pasábamos la noche despiertas esperando ver pasar un carro “volando”, envidiando a los chavales por poder pasar la noche igual que la pasaron hace tiempo sus padres.
Al llegar la adolescencia nos dijimos: “¡nosotras tenemos que estar ahí!”. Y así fue como en la noche del 23 al 24 de Junio de 1992, dos jovencitas, (mi mejor amiga y yo), por primera vez para una mujer, hicieron “volar los carros” en la Noche de San Juan.

lunes, 14 de mayo de 2012

OS MAIOS


Origen de la fiesta

Se trata de una fiesta que nace en la prehistoria, para festejar la llegada de una estación que, tras la época de frío y lluvias, hacía brotar las simientes, y que coincidía con la fertilidad animal y de la especie  humana.

Los griegos y los romanos intentaron darle una explicación a este acontecimiento basada en la mitología y en sus creencias religiosas.

Con la llegada de la Edad Media, dicha celebración experimenta una época de expansión. Era la sociedad medieval, una sociedad agrícola, que celebraba la llegada del buen tiempo por los beneficios que éste supondría para las cosechas. No debemos olvidar el esparcimiento por toda Europa de la cristiandad, que adaptará estas festividades a su santoral, transformando los nombres, pero siendo incapaz de modificar los contenidos de las celebraciones.

Fue con la llegada de la Ilustración cuando surgieron las primeras prohibiciones civiles. Varias cédulas Reales de Carlos III intentaron prohibirlos, sin lograr erradicarlos por completo. 

Será a finales del S. XIX, al entrar el mundo rural en decadencia, cuando realmente comienzan a perder fuerza estas celebraciones estacionales. Se llegan a conservar en algunas villas como fiestas de chavales, debido a su carácter lúdico y de sátira social en la que se van a especializar estos “maios”. Nacen concursos que premian las coplas más audaces, motivo por el que son reprimidos en los tiempos de las diferentes dictaduras.

Estas tradiciones llegan a nuestros días agotadas, heridas por los mecanismos de una nueva sociedad que tiende a la uniformización de la cultura, causando el desarraigo de las expresiones culturales seculares propias, específicas de cada pueblo.

Recientemente, se está  viviendo un despertar de estos festejos. Diferentes asociaciones y colectivos, conscientes de conservar estos legados culturales, están haciendo una labor de recuperación y exaltación de las celebraciones propias de nuestra cultura, convencidos de que en la gran variedad cultural de los pueblos, está la riqueza de los mismos.

 Los “Maios” en Galicia

Con los “maios”, se celebra en Galicia la despedida del invierno y la floración de la naturaleza. Existen diferentes formas de festejar la llegada de la primavera, dependiendo del lugar en que nos encontremos.


Uno de los rituales  ancestrales que encontrados en nuestra tierra, es el de “alumear o pan ou danzas do pan” (alumbrar el pan o danzas del pan). Consiste en recorrer los campos  con “fachuzos de palla” encendidos, recitando invocaciones. También se llevaba  a cabo la bendición de los campos con agua bendita o procedente de fuentes consideradas milagrosas. Vuelven a aparecer el agua y el fuego como elementos purificadores, una constante en la tradición cultural gallega. Poner el ramo en las fincas, las cuadras, junto a los aperos de labranza, es otro de los rituales que nuestros mayores usaban para propiciar la bonanza de las cosechas.